Marcharse a tiempo

El otro día leía que en Italia tan sólo el 10% de los ciudadanos confía en sus políticos. Lo explicaba en un artículo en el que aparecían las cifras de lo que costaba la presidencia de la república al país, con datos escandalosos, como los trece aviones de los que dispone el Presidente (que pese a ello gasta anualmente 65 millones de euros en alquilar aviones adicionales), o los más de 150.000 coches oficiales con chófer incluido.

En España, desgraciadamente, la situación no es mucho mejor. En enero de este año, los principales sentimientos de los españoles hacia la política eran indiferencia, aburrimiento y desconfianza, y el casi 40% de abstención de las últimas elecciones no parece que lo desmienta.

Una de las cosas que más parecen asquear a los ciudadanos es que en política todo parece permanecer igual. Las mismas caras, las mismas declaraciones, los mismos discursos permanecen inalterados año tras año. Con los resultados de las elecciones ocurre algo parecido, ya que ningún partido parece querer asumir los resultados que los ciudadanos le han deparado. Es por ello que resulta extraño ver a un político renunciar a su puesto, o al menos hacer una reflexión autocrítica sobre si mismo o sobre su partido.

Estos días estamos viendo algunos ejemplos que ilustran esto último, pero también algunos casos concretos en los que alguien, por fin, parece estar dispuesto a asumir responsabilidades por encima de los intereses personales.

Rafael Simancas es el Secretario General del Partido Socialista de Madrid, que lleva en la oposición 20 años. Cinco legislaturas. Durante su mandato tuvo lugar el mayor de los escándalos que ha sacudido a los socialistas, con el vergonzoso episodio de los dos diputados tránsfugas que finamente posibilitaron el gobierno de Esperanza Aguirre. En estas últimas elecciones autonómicas el PSOE ha obtenido el peor resultado de todos estos años, pero Simancas ha confirmado que permanecerá como diputado hasta 2011, aunque eso sí, no volverá a ser el candidato a la Presidencia.

Miguel Sebastián se presentaba por vez primera como candidato a la alcaldía de Madrid, y ha obtenido los mismos bochornosos resultados que Simancas. Ha soportado las críticas de sus propios compañeros y finalmente ha decidido dimitir y ni siquiera aceptar el puesto de concejal que le correspondía en el Ayuntamiento de Madrid.

Le honra, y ojalá cundiera su ejemplo. Seguro que de esa forma la gente empezaría a mirar de otra forma a los que se dedican a la política.

Actualización: No me resisto a comentar la reacción de algunos de los dirigentes de CHA sobre los resultados del domingo. Les honra igualmente que el análisis parta de la autocrítica y de percibir la obligación de cambiar su forma de hacer política en Aragón.

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  1. Sebastian, seguro que hubiera sido un buen concejal y haber dado juego en la oposición, pero ya le habían invitado a marcharse antes incluso de las elecciones y estos días se hablaba de que tenía que dejar su puesto de concejal porque no estaba preparado, ni era su objetivo. La FSM no ha sabido levantar cabeza desde el tamayazo y Sebastian ha sido una socorrida imagen para estas elecciones, y ya se han visto los resultados, que junto con los de Simancas tienen que invitar a reflexionar y mucho, pero mucho, para volver a levantar el partido en la Comunidad de Madrid.




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