Educación para la ciudadanía

Hace mucho tiempo que llegué a un acuerdo conmigo mismo para no comentar en ningún sitio nada que tenga que ver con los asuntos que afectan a la Iglesia católica.

Esto me ha evitado tener que preocuparme por la cuestión de la devolución de los bienes eclesiásticos aragoneses, por la presencia de la cúpula episcopal en las manifestaciones del PP, y en general por un sinfín de acontecimientos en los que, desgraciadamente, se ha comprobado que la sociedad española está todavía muy lejos de perder esa patina religiosa que la ha impregnado desde hace siglos y que nos convierte en bichos raros (junto con los italianos) en comparación con el resto de sociedades de Occidente.

Sin embargo, no puedo más. Renuncio a mis firmes propósitos de obviar las declaraciones del obispo, cardenal o portavoz de la conferencia episcopal de turno. Y es que esta gente está alcanzando unos niveles de intromisión tan exagerados que ya va siendo hora de que se les plante cara desde el gobierno, y que éste se plantee de forma decidida que es hora de abordar un cambio hacia una sociedad realmente laica.

La postura de la Iglesia en referencia a la introducción de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” y el nombramiento de Bernat Soria como Ministro de Sanidad son las gotas que colman mi particular vaso.

En el primer caso están promoviendo la objeción de conciencia con la asignatura, y claro, basta sólo con echar un vistazo a los contenidos de la misma para darse cuenta del motivo. Según recoge la página web del ministerio, “Educación para la ciudadanía” se impartirá durante los diferentes ciclos por los que pasa el alumno a lo largo de su trayectoria educativa recibiendo contenidos sobre “el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, del respeto al otro aunque mantenga opiniones y creencias distintas a las propias, de la diversidad y los derechos de las personas; […] la igualdad de hombres y mujeres en la familia y en el mundo laboral; […] los valores cívicos en que se fundamenta la sociedad democrática: respeto, tolerancia, solidaridad, justicia, igualdad, ayuda mutua, cooperación y cultura de la paz; […] el ejercicio de los derechos y deberes que corresponden a cada persona en el seno de esos grupos, identificando la diversidad, rechazando la discriminación y valorando la participación y sus cauces; […] el reconocimiento de la diversidad cultural y religiosa presente en el entorno inmediato para identificar y rechazar situaciones de marginación, discriminación e injusticia social; […] el conocimiento de las normas y principios de convivencia establecidos por la Constitución; […] el conocimiento y la valoración de los servicios públicos y de los bienes comunes; […] las relaciones humanas, desde el respeto a la dignidad personal y la igualdad de derechos individuales, el reconocimiento de las diferencias, el rechazo a las discriminaciones y el fomento de la solidaridad; […] la identificación de situaciones de violación de los derechos humanos, y la actuación que corresponde a los tribunales ordinarios y a los Tribunales Internacionales, cuando se producen situaciones de violación de derechos humanos; […] el funcionamiento de los Estados democráticos; […] el proceso de globalización e interdependencia, los principales conflictos del mundo actual, así como el papel de los organismos internacionales en su prevención y resolución…..” Como se ve, todo son contenidos subversivos.

En su nota de prensa del pasado 20 de junio, la Conferencia Episcopal española señalaba que mediante la creación de la asignatura, “el Estado se arroga un papel de educador moral que no es propio de un Estado democrático de Derecho“, aunque por supuesto no explica quién si no es el más capacitado para arrogárselo. Por otro lado, critica algunos de los contenidos previstos porque supuestamente suponen que “el Estado no puede suplantar a la sociedad como educador de la conciencia moral“, pero tampoco explican por qué el Estado no puede educar a sus ciudadanos y sí los centros de la Iglesia, en los que existen todavía anacronismos como la oración matutina.

Pero por si fuera poco, la Conferencia Episcopal se atreve además a descalificar el nombramiento del nuevo Ministro de Sanidad aduciendo que es “notorio y general” que éste ha mantenido posiciones que “no son compartidas por el mundo de la ciencia” y es una persona “muy discutida” en este ámbito. “El señor ministro ha creado expectativas infundadas e inmorales. Una ciencia sin conciencia no es ciencia, es un peligro para la sociedad”. Lo cierto es que Bernat Soria, toda una autoridad en el campo de la investigación con células madre, es cuestionado exclusivamente por una minoría de científicos vinculados al catolicismo más militante, y que entre la gran mayoría de sus colegas ha sido recibido con bastante entusiasmo. Y respecto a su curiosa forma de entender la ciencia sólo hay que recordar que la Iglesia aun es partidaria del creacionismo….. En fin, que cada día me dan más ganas de seguir las recomendaciones de esta página 😉

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