De vuelta al cole

Esta semana han comenzado las clases en los centros de enseñanza, así que ya podemos decir que hemos vuelto a la completa normalidad.

Sin embargo, esa normalidad, tan deseada por la mayoría (que ya no sabe qué hacer con sus niños en casa), se ha convertido en una pesadilla para la mayor parte de los docentes de este país, especialmente para aquellos que desempeñan su trabajo en las escuelas e institutos públicos.

Herminio Lafoz nos cuenta por ejemplo la desidia que le provoca comprobar la cada vez mayor ausencia de “los viejos rockeros de la educación“, como él los llama; o las dificultades de su instituto, el viejo Avempace de Zaragoza, en el que una subida de tensión les ha dejado este verano sin ordenadores ni teléfonos, y sin noticias de cuándo podrán solucionarlo….

Chesús Yuste, Mariano y LaMima, (que es la más interesada), nos cuentan las dificultades con las que se encuentra ésta última para escolarizar dignamente a su hija, que padece una enfermedad que requiere la adaptación de algunas instalaciones de su centro y sobre todo un profesor estable….

Entre tanto, la financiación de los centros privados-concertados sigue perpetuando una realidad, y es que estamos permitiendo que crezcan dos sistemas educativos separados: el público, que se convierte en el destino del alumnado con cualquier tipo de problemas; y el concertado, sostenido con nuestro dinero, y que procura acoger tan sólo a lo “mejorcito” de la sociedad. Las cifras lo demuestran claramente: el 66’5% de los alumnos de enseñanza no universitaria acude a centros públicos (algo más de 4’5 millones de alumnos), mientras que el 30% (2’1 millones) lo hace a centros concertados. Curiosamente, el creciente alumnado inmigrante se matricula mayoritariamente en los centros públicos (casi 500.000) en proporción de un inmigrante por cada diez alumnos. Frente a esta cifra, en la concertada encontramos la mitad de alumnos procedentes de fuera de nuestro país (106.000) en una relación de un inmigrante por cada veinte alumnos.

Esto es una realidad que no debería existir, que no deberíamos permitir que existiera. Teóricamente, debería de haber el mismo porcentaje de alumnado inmigrante en todos los centros sostenidos por el Estado, pero la realidad es que los colegios e institutos concertados crean mecanismos (suplementos económicos en forma de pagos “voluntarios” por materiales, excursiones o uniformes) que dificultan que los padres inmigrantes puedan matricular a sus hijos en este tipo de centros

La puesta en marcha de la LOE tratará de dificultar esta forma de discriminación encubierta que ahora es practicada por los centros concertados, pero mucho me temo que de no existir una amenaza clara por parte de las autoridades educativas de cada comunidad autónoma (lo único que puede valer es la retirada del concierto), no podremos dejar de hablar de este mismo tema cada comienzo de curso.

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