Frases

Hace tiempo escuché a alguien, ya no recuerdo quién, hablando de sus hábitos a la hora de leer el periódico, y me sorprendió coincidir con él cuando reconoció que había algunas secciones que directamente no leía. Yo hago exactamente igual desde hace dos o tres años. Cuando leo un periódico y veo que habla de cualquier cuestión relacionada con las reivindicaciones nacionalistas en Cataluña o el País Vasco, paso página sin apenas leer el titular.

Sin embargo, el domingo dejé que mis ojos se posaran sobre un párrafo resaltado de una entrevista a Pascual Maragall en la que decía: “(…) Y en esta Europa, Cataluña será una nación, espero que algún día reconocida no sólo en el preámbulo de su Estatuto sino en la Constitución de su Estado. Todo llegará. (…) En Europa hay más culturas que países, más naciones que Estados. (…) Ha llegado el momento de decir claramente que en la Península están casi la mitad de las naciones sin Estado de Europa.” Y la verdad es que sentí una tremenda decepción por un personaje que no hace muchos años me parecía una de las mejores bazas del PSOE.

Lo cierto es que ese párrafo me hizo leer el resto del artículo en el que habla del resurgimiento del independentismo catalán, al tiempo que recordaba la imagen de esos cientos de manifestantes que estos días quemaban la fotografía del rey en Gerona.

En ese instante se despertó en mi una vena curiosa que me impulsó a releer un texto editado por la Institución “Fernando el Católico” tras unas jornadas tituladas “Nacionalismo e Historia”, celebradas en 1997 en la Facultad de Letras de Zaragoza (por cierto, el libro en su totalidad puede ser descargado en PDF aquí).

En este libro escribía Pere Anguera, profesor de la Universidad Rovira i Virgili, acerca del nacionalismo catalán en su génesis contemporánea, citando una serie de frases y textos especialmente clarificadores. Explicaba que “la idea nacionalista catalana surge con posterioridad al momento en que se acepta ser parte integrante de un ente político superior: España. El nacionalismo catalán aparece, con fuerza y con una voluntad distinta en la reivindicación de la personalidad propia, al constatar el tratamiento desigual que se recibe por parte de los poderes del estado surgido de la voluntad centralista y uniformadora y tendente a la confusión de Castilla y lo castellano con lo español, que conlleva básicamente el afán de liquidación de la lengua catalana, la supresión de sus símbolos y el aniquilamiento del derecho civil“.

A partir de la Guerra de Independencia, al tomar conciencia de la existencia de un enemigo común, y con el posterior comienzo de las experiencias constitucionales, Cataluña empieza a asumir el sentimiento de pertenencia a España, aún manteniendo los rasgos propios (lengua y cultura), que procedían y estaban bien arraigados durante la edad media. Tan es así que “Lo Verdader Catalá“, primera revista en catalán, decía en sus páginas a mediados del siglo XIX: “som espanyols, se dirá: es molt cert, peró la la circumstancia de ser espanyols no priva que siams verdaders catalans. Espanya es la nostra nació; peró Catalunya es la nostra patria”. Por aquel entonces, el modelo de catalanismo imperante es el del reconocimiento de un particularismo cultural contenido dentro de la realidad del estado español. Otro ejemplo: Antoni de Bofarull, secretario de los Jocs Florals y autor de la primera novela en catalán, decía en 1859 que “fixe los ulls qui tinga amor de patria en nostra Espanya”, para convencerse de que “la nació actual sab y vol ésser una are y sempre, á pesar de ser distints los recorts y costums de cada èxtrem”, sin que eso sea óbice para “remóurer la memoria de las nationalitats antigas”. Es decir, que se reivindica de forma indudable una forma de catalanismo inmersa en una concepción amplia de España.

Pero no es el único. En 1861, el poeta Lluis G. Pons i de Fuster decía: “som espanyols, sí, som espanyols; ho somb ab orgull, ho som de bon cor, y de bon cor y ab orgull ho sérems fins al darrem suspir, fins al últim sacrifici. Mès també som catalans, volem serho, nos gloriám de serho, no podem deixar de serho, ja que catalá fou lo bressol que’ns gronxaba (…) y catalans son nostras afeccion, nostra llengua, y nostra historia. Som espanyols para pera servir al Estat, y saber morir, cuant convé per la Reyna y sa bandera (…) y som catalans pera no deixar morir jamay la memoria dels ínclits barons que de prop y de lluny”. Evidentemente, la “reyna” a la que hace referencia es Isabel, la tatarabuela de Juan Carlos, y la bandera, lógicamente, la de España.

Dos últimos testimonios. El del jurista Pau Valls en 1866, que decía: “consentim espontáneament y fins ab gust que Espanya tinga una sola existencia, una sola fe y un sol Rey, que obehesca y fassi cumplir una sola ley“, pero sin renunciar a que “per ser bons espanyols voleu y debeu ser bons catalans“. Y el de Víctor Balaguer, que se defendía de las acusaciones des secesionismo, y para el que ” aquells que axís nos atacan creuhen que nosaltres no som espanyols. Ho som de cor; ho som de veras. Pus qué, sols en llengua castellana se pot cridar Viva Espanya?”.

Como se puede ver en todas estas frases, pronunciadas por personajes nada sospechosos de centralismo, la percepción del catalanismo originario, esa a la que hacen referencia los actuales partidos nacionalistas (incluidos algunos sectores del PSC), mantenían un fuerte sentimiento del catalanismo como hecho cultural, con una lengua y un pasado propios, con referencias contrarias al centralismo castellano, pero todo ello dentro del crisol de la nación española. No hay que olvidar que muchos de los promotores de este incipiente nacionalismo catalán pertenecen a una burguesía que por entonces comienza a florecer de forma perceptible en España gracias a la tardía industrialización que estaba teniendo lugar en nuestro país y a la apertura de mercados que proporcionaban las colonias americanas.

En fin, algo muy diferente a las frases que podemos oír hoy en día a los actuales líderes políticos catalanes, también Pascual Maragall, y que no tendrían nada de particular si no fuera porque en sus discursos se basan a menudo en el supuesto pasado independista de Cataluña.

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