Desalienarse

Hablábamos el otro día de fútbol y política, y la actualidad nos lleva de nuevo al mismo tema.

Pedro Santana Lopes fue Primer Ministro de Portugal entre 2004 y 2005, y en la actualidad es solo un político que milita en el Partido Social Demócrata de su país. Hace un par de días estaba siendo entrevistado en un noticiero de la televisión portuguesa cuando, en plena conversación, la presentadora le interrumpió para dar paso a una conexión en directo. La noticia que había provocado esta interrupción no era otra que la llegada al aeropuerto de Jose Mourinho, ex-entrenador del Chelsea, un equipo de fútbol de Inglaterra, a quien fugazmente se pudo ver entrando en un coche durante apenas unos segundos.

De vuelta al estudio la presentadora pretendió continuar la entrevista como si nada, pero Santana, indignado por la interrupción, decidió suspenderla ante el trato recibido.

No deja de ser una anécdota, por supuesto, pero me encanta la reacción de este político, quien posteriormente se refirió al suceso afirmando que le parecía increíble que se hubiese interrumpido la entrevista por un hecho tan nimio, y que a su juicio “el país se está volviendo loco“.

No solo el suyo, me temo. En España ocurre algo parecido con muchos (demasiados) personajes del deporte, la farándula o el mundo del espectáculo. Se rinde un culto exacerbado hacia ellos por parte de los medios de comunicación, y por desgracia esa forma de actuar se ha trasladado a nuestra sociedad, en la que la aparición de cualquier actorcillo de medio pelo, o de algún famosete de la prensa del corazón tiene mayor repercusión que noticias de mucha más trascendencia.

Puede que también sea culpa de los que se dedican a la política, porque no logran que los ciudadanos les tomemos en serio o que nos preocupemos más por el último partido de nuestro equipo que por las últimas leyes aprobadas en el parlamento que nos representa. Igual hay algo de responsabilidad también en nosotros mismos, quienes hemos alcanzado tal nivel de “burricie” que nos impide prestarle atención a las cosas que nos afectan más directamente, mientras adoramos hasta el límite a unos tipos que ganan decenas de millones de euros, que viven alejados de nuestra realidad, y que además suelen comportarse de forma excéntrica y ridícula en muchas ocasiones mientras nosotros, fieles seguidores, les reímos todas las gracias o salidas de tono.

Siendo pesimista habría que pensar en que algo falla cuando el mundo funciona así, sobre todo porque parece que esto es una tendencia de la que no se vislumbra el final. Sin embargo no me resigno. Me gustaría que hubiera más políticos como Santana que fueran capaces de plantarse, de decir que esto no puede seguir así.

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