Legislar la memoria

¿Cómo es posible que haya que hacer una ley para poder recordar? ¿Cómo es posible que después de 70 años todavía haya personas que se atemorizan al pensar en lo que vivieron de niños? ¿Cómo es posible que haya gente que se niegue a dignificar a los miles y miles de asesinados hace ya tanto tiempo?

La Ley de la Memoria Histórica comienza su tramitación en el Parlamento esta semana, y sin embargo, todavía hay personas para las que estas preguntas no parecen tener respuesta.

La propuesta de Ley que presenta el Gobierno no es revanchista. No pretende la incriminación de los asesinos; no plantea crear comisiones de la verdad, como las de Chile; ni siquiera busca la revisión de los indignos juicios que llevaron a la muerte a tanta gente. La ley sólo intenta traer algo de cordura a una historia en cuyas páginas sólo aparecieron durante mucho tiempo aquellos “caídos por Dios y por España” que salpicaban los muros de las iglesias de todos lo pueblos; como si aquellos otros que habían caído (miles, decenas de miles), no se merecieran el mismo reconocimiento.

Como explicaba Julián Casanova hace unas semanas, los muertos del bando sublevado fueron homenajeados, recordados y hasta beatificados, mientras que los que murieron defendiendo el legítimo gobierno republicano fueron olvidados, sus posesiones incautadas, y un largo velo de silencio se cernió sobre ellos hasta que hace siete u ocho años unos cuantos familiares e historiadores se empeñaron en sacar a la luz esta injusticia que la transición había convertido en olvido premeditado.

Mientras tanto, para el PP la Ley supone buscar “deliberadamente el enfrentamiento entre los ciudadanos“, y “olvidar el gran Pacto de la Concordia alcanzado en la Transición, aunque no explican el porqué. Es algo a lo que nos tiene acostumbrado últimamente Ángel Acebes, pronuncia frases grandilocuentes que en realidad no significan nada. No entiendo que los periodistas no le pregunten estas cosas en las ruedas de prensa: “Sr. Acebes, ¿en que momento de la Transición se alcanzo un acuerdo tácito para no volver a hablar nunca más de las víctimas de la guerra civil?” o, “Sr. Acebes, por qué aprobar una Ley que condena una dictadura y deslegitima juicios injustos supone enfrentar a los españoles?

Seguiremos sin respuestas, pero al menos, los que quedan de aquella época, o sus hijos, nietos o biznietos, tendrán motivos para estar un poco más tranquilos. Va por ellos.

Actualización: me sorprende desagradablemente el editorial de El País de hoy. O no lo entiendo, o me parece que decididamente este periódico empieza a cobrarle al gobierno las desavenencias de los últimos meses.

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  1. también resulta curioso que en el siglo XXI las únicas tumbas que no se respetan, son las de los ejecutados por estar en contra de los golpistas y del nuevo régimen dictatorial de 1939. Valencia y Toledo, son los mejores ejemplos y no los únicos, ciudades donde los cementerios municipales tienen un gran número de asesinados y donde en los últimos 5 años se ha decidido sin consenso, sembrando el enfrentamiento por parte de gobiernos municipales del PP, actuaciones urbanísticas que han obligado a eliminar de un plumazo (con pala y cemento)estos restos. Curioso que solamente sean tumbas de “rojos” las denigradas un poco más y que las otras tumbas además de ser respetadas e incluso recuperadas, sigan siendo el único recuerdo que queda de los muertos de la Guerra Civil




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