Hablar de Historia

Una de las cosas más frustrantes para los que estudiamos Historia en la Universidad es darnos cuenta de que aquellos que determinan con sus opiniones lo que se piensa sobre este u otros asuntos que forman parte de nuestra tradición jamás se molestan en comprobar la realidad aquello de lo que hablan.
Todo esto a santo de las declaraciones de Esperanza Aguirre en el programa ‘59 segundos’, en las que se atrevía a decir, con total seriedad, que “Franco era bastante socialista”. Curiosamente, nadie se ha mesado los cabellos ante semejante barbaridad, ante un comentario de tanta ligereza y frivolidad como estupidez, y mucho más cuando quien lo ha pronunciado es la Presidenta de la Comunidad de Madrid, a quien se le debería exigir, cuando menos, algo de seriedad cuando habla en público.

Desgraciadamente, no solo los desconocedores de la Historia como doña Esperanza se dedican últimamente a manipularla. Existen otros muchos pseudohistoriadores, periodistas, remedos de intelectual y hasta profesionales de la Historia de reconocido prestigio que han inundado páginas de periódico, tertulias de radio y programas de televisión, haciendo una revisión a todos los trabajos de investigación que sobre el franquismo han ido produciendo en los últimos 25 años investigadores españoles y extranjeros que han mostrado la verdadera cara de la dictadura y la forma en que ésta se impuso tras una guerra civil cruenta como pocas.

El germen de todo ello ha sido el intento del gobierno de hacer justicia con aquellos que durante 40 años permanecieron en el olvido después de haber sufrido la pérdida de la guerra, el despojo de sus pertenencias, la represión, el destierro y en muchos casos la muerte, y poner fin a un periodo demasiado largo en el que la reconciliación a la que tanto aluden esos mismos propagandistas consistió en la exaltación de unos y el escarnio de los otros. Son ellos los que están haciendo revivir ese concepto tan español del “guerracivilismo” al encender una polémica que solo existe en sus retorcidas mentes, que se empeñan en que nuestros campos sigan sembrados de los que fueron asesinados bajo su peculiar concepción de la justicia, y que siguen deseando que toda la podredumbre de aquellos años siga escondida bajo la alfombra.

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