Aprender jugando

Por alguna razón hoy he recordado La conjura contra América, la última novela de Philip Roth, al que hasta entonces no había leído jamás, y que cayó en mis manos el año pasado . El argumento no es autobiográfico pero se basa en la propia experiencia vital del autor (el protagonista es un muchacho con su mismo nombre), aunque haciendo historia contrafactual, de forma que se ambienta en Estados Unidos durante los años de la II guerra mundial, pero con un escenario en el que no es F. D. Roosvelt quien gobierna, sino Charles Lindbergh, el primer aviador que cruzó el Atlántico en solitario. Lindbergh, que simpatizó con el fascismo alemán y con el propio Hitler en la realidad, es colocado en la historia al frente de un hipotético Partido Republicano partidario del aislacionismo y contrario a que Estados Unidos se involucre en el conflicto bélico. Su llegada al poder desata un persecución encubierta de los judíos norteamericanos que es narrada de forma magistral por Roth, hasta el punto de que uno se olvida a veces de que la historia no es real.

Independientemente del contenido de la novela (fascinante en muchos momentos), su lectura me hizo recuperar el interés por la historia contrafactual a la que de forma muy simple pude acercarme durante el paso por la Facultad. Esta disciplina de la Historia no cuenta con demasiados adeptos dentro de la historiografía “oficial” porque parte de especulaciones y acontecimientos que no han tenido lugar, aunque algunos de los estudios que se han abordado desde esta perspectiva tienen verdadero interés y aportan cosas realmente interesantes. Recuerdo por ejemplo un ensayo de Robert Fogel sobre el impacto de la construcción del ferrocarril en Estados Unidos que demostraba que el crecimiento económico del país hubiera sido prácticamente idéntico aunque no hubiera contado con esta infraestructura, lo que supone ir en contra de la opinión casi todos los historiadores que lo sitúan como uno de los factores más importantes del crecimiento en Norteamérica durante el siglo XIX.

Pues bien, después de aquella lectura me llegó un artículo que me hizo pensar también en la historia contrafactual, referido a cómo se puede enseñar historia a través del uso de videojuegos que simulan situaciones históricas en las que se puede alterar los hechos reales. El ejemplo perfecto es este Making History (cuya demo de 250 Mb. obra ya en mi poder) y del que, después de un ratito de trastear, os puedo asegurar que tiene una pinta estupenda. Imprescindible para los jugones, es muy apropiado para pasar un rato entretenido el fin de semana.

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