Hablando de Educación, con mayúsculas (I)

La semana pasada una entrada de Vesania acerca de un artículo de Arturo Pérez Reverte, nos servía para polemizar un poquito sobre el estado de la educación en España.

Casualmente aparece hoy un estupendo reportaje en El País, que con el esclarecedor titulo de “La clase perdedora”, traza el panorama social que se encuentra tras las desastrosas cifras de la educación en nuestro país.

El artículo viene a decir, más o menos, que en las familias de entornos socioeconómicos con más dificultades, existe una mayor probabilidad de que los hijos sufran fracaso escolar y/o un abandono prematuro de la escolarización. De esta forma, los autores del informe citado establecen que hasta un 50% del rendimiento escolar está definido por el estatus familiar, entendido no solo como la situación económica sino también por otros factores, especialmente la motivación de los padres hacia las cuestiones socioculturales.

En la actualidad el modelo educativo está profundizando las desigualdades estableciendo una clara diferencia entre los centros públicos y los centros privados y semiprivados (concertados), de forma que en estos últimos se agrupan los alumnos procedentes de las familias con más recursos económicos, mientras que en los primeros se concentran los alumnos con necesidades educativas especiales, especialmente los hijos de inmigrantes, lo que repercute necesariamente en la calidad y en los resultados finales de esos centros.

La pregunta que inmediatamente acude a la cabeza es la siguiente: ¿cómo puede ser cierto todo lo anterior si nuestra generación (la de los que actualmente estamos entre los 30 y los 40) es la mejor formada de la historia de este país, y nuestros padres tenían, en general, un nivel formativo medio-bajo? Y la respuesta es igualmente sencilla: nuestra generación se benefició de las reformas y del mayor gasto en educación que se realizó durante la Transición y los años 80. Desde entonces, y muy especialmente durante la década de los 90, comenzó una progresiva deriva de las familias con mayores recursos hacia la enseñanza privada, al tiempo que la política de conciertos en muchas comunidades autónomas no hizo sino enmascarar la progresiva “guetización” de la enseñanza pública con el discurso de aumentar la oferta educativa poniendo a disposición de cualquiera los centros privados-concertados, una gran falacia que ha quedado demostrada infinidad de veces y que puede ser percibida por cualquiera que se pase un día por la puertas de un colegio concertado, y contraste el número de alumnos inmigrantes o hijos de inmigrantes, con el que se encontrará en un centro de titularidad pública.

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  1. Como ya te has molestado tú en leer El País para los demás me escusas el hacerlo yo en mi post.
    Aun deberias de haber incidido más en el concierto de los ricos con el estado, para que sus proles sigan conservando su elitismo, y dispuestos a mandar cuando les llegue el momento.
    Habria que profundizar en que la brecha entre ambos sistemas de educación pública/privada no se agrande más ya que se vislumbra una posibilidad de que si se dota a la escuela la diferencia entre unos y otros no es tan grande.
    De cualquier manera hay que potenciar la escuela pública como sistema igualitario de conocimiento y no como algunos pretenden, sea un recurso para pobres, aumentando en ese caso la distancia entre las “clases” que es lo que los neo- lo que queramos pretenden.

  2. Gracias Pepe, por eso puse el (I) en el título. El tema de la educación es tan amplio que da para varias entradas…. Seguiremos con ello.

  3. Un beso David, y gracias por el enlace (Vesania es diptongo :-P)

    Ya sabes que no estoy de acuerdo del todo con tu planteamiento. Pero sobretodo porque no sé muy bien qué planteas.
    Yo creo que el nivel educativo de los colegios públicos es considerado muy bueno por la mayoría de inmigrantes, así que ¿por qué pagar por algo diferente si lo que tienen gratis les sirve?.
    En mi opinión, la enseñanza, como todo, sanidad, etc. no debería de ser GRATIS, sino que se tuviera que pagar el coste real, y se subvencionara en función de recursos y tal en distintos porcentajes, y que se pudiera por tanto elegir absolutamente donde llevar a tus hijos. Pero claro, eso es en los mundos de Yupi… porque en este país, con la econimía sumergida, y el pillaje y tal… paso de que los que tenemos una nómina media, sin poderla esconder, tengamos que pagar por cosas, que la peluquera, mini empresario etc… que llevan los mercedes y tienen los adosados les salen gratis a base de mentiras…
    como eso no es así en este país de ladrones y ladronzuelos… pues mira… que se subvenciones todo, con mi dinero, claro.. y por lo menos no tengo que pagar 3 veces por lo mismo…

  4. Gracias por el comentario Carmne. Ayer me quedé a mitad de lo que quería decir. Espero tener tiempo para completarlo y que se me entienda, 😉
    De forma muy general, lo que que planteo es que en estos momentos es sistema educativo está favoreciendo que el alumnado inmigrante se concentre en los centros públicos. Anoche leía una noticia en la que aparecía una referencia a un centro educativo madrileño en la que el 80% del alumnado proviene de fuera de nuestro país.
    Eso no sería malo si no fuera porque la concentración de este tipo de alumnos repercute en los resultados globales del centro, en la calidad de la enseñanza que se imparte, lo cual es malo (muy malo, diría yo) no solo para los propios alumnos, sino también para la sociedad en la que les va a tocar desenvolverse.
    Evidentemente, no podemos estar más en desacuerdo respecto a la cuestión de la financiación. Desde mi punto de vista la educación ha de servir para igualarnos de partida a todos los ciudadanos, y por eso mismo no hay que establecer ningún tipo de distinción en función de la situación económica. Por supuesto, quien quiera pagar más para llevar a su hijjo a un centro privado que lo haga, pero que ese centro no sea subvencionado por el estado; eso es lo único que pido.
    El país con mejores resultados en el controvertido informe PISA es Finlandia, donde la educación pública en primaria y secundaria alcanza a más del 90% de los estudiantes. Eso demuestra que no hay una equivalencia entre enseñanza privada y excelencia educativa.

  5. Mercedeitor

    Querido Davicius: no puedo estar más de acuerdo contigo, sobre todo viviendo en la republicana Francia, donde el estupendo servicio de escuela pública está siendo sistemáticamente dinamitado por un gobierno de derechas que quiere ahorrar en gasto educativo (¿para poder tapar el agujerazo que han hecho los bancos y refinanciarlos?). Al mismo tiempo, se plantea el tema de subvencionar la escuela privada. Por supuesto, todo ello no es casual: la escuela privada se permite seleccionar a su alumnado. O sea: una escuela pobre para los pobres y una escuela rica (y privada pero subvencionada por el Estado) para los ricos… Como a ti a mí me parece que eso es inadmisible y que la base primordial de una democracia digna de ese nombre es el libre acceso de todos, independientemente de sus recursos, a una enseñanza pública de calidad. Y por cierto, como profe universitaria en huelga de celo en Francia, también te puedo decir que la situación se invierte al llegar a la universidad: la universidad francesa tiene una carencia de recursos que da vergüenza, mientras que en las “grandes écoles” privadas y de pago se forman las élites de la República… ay, cuánto trabajo nos queda por hacer…

  6. Lo que es evidente es que la función educadora de los padres no debe limitarse únicamente a que sus hijos asuman un comportamiento razonablemente cívico, sino que también tienen la obligación de implicarse de manera activa en el desarrollo de su actividad intelectual. No se trata tanto de recursos económicos como de que exista en los hogares una base cultural mínima que se inculque posteriormente a los más jóvenes.

  7. Exactamente Juan; y eso es lo que dice precisamente el informe. No es tanto la capacidad económica de los padres como la capacidad para inculcar determinados concimientos e influencias culturales en sus hijos; aunque evidentemente, en la mayor parte de los casos, un mayor nivel cultural va unido a una mejor posición económica.




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