Nuevas señas para la izquierda

Tanto se ha dicho sobre los recortes que aprobó el pasado congreso de ministros que creo que resulta inútil tratar de profundizar más al respecto. Aunque lo que sí resulta interesante es la extraña confluencia de opiniones que se ha producido entre las más diversas fuentes, tanto por parte de los opinadores patrios como por la mayoría de la prensa seria dentro y fuera de España.

Casi todo ellos coinciden en que las medidas de recorte no solamente suponen un claro incumplimiento de las promesas electorales del presidente Rajoy -hecho agravado por haberse anunciado tan solo 7 meses después del triunfo electoral- sino que igualmente se ponen de acuerdo al explicar la escasa repercusión de las mismas en la mejora de la situación económica de nuestro país. La conclusión generalizada es que el gobierno ha apostado por el camino de la contención del déficit y a cambio ha dejado en la cuneta a sus ciudadanos. Se puede estar o no de acuerdo con la conveniencia de los ajustes, pero la realidad es esa: los ciudadanos (incluidos sus 11 millones de votantes) cuentan menos para el PP que las directrices de las instituciones económicas internacionales.

Dicho esto, no podemos contentarnos con denunciar esta situación y quedarnos sentados a esperar que los españoles sigan acumulando más desprecio hacia sus representantes y que dentro de tres años las elecciones cambien de nuevo el signo del gobierno. Sería una profunda irresponsabilidad pensar que esta crisis no va a traer también consecuencias en el comportamiento de los electores, que no se van a pedir cuentas, o que al final el bipartidismo en el que vivimos desde 1977 va a volver a hacer de las suyas a las primeras de cambio.

Esta crisis, en sus causas, en sus consecuencias, y en la forma en que se está gestionando tanto desde una opción política como desde la otra, no es sino la demostración del agotamiento de toda una generación, la que actualmente dirige y controla (lo viene haciendo desde hace 20 años) todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad (con escasas y honrosas excepciones): los medios de comunicación, la empresa, la universidad, el mundo sindical o, por supuesto, los partidos políticos.

El 15M supuso el primer toque de atención de unos ciudadanos, decenas de miles en todo el país, que demostraron que hay un hartazgo lo suficientemente grande como para empezar a cuestionar el estado actual de las cosas. El empeoramiento de la crisis, con todas las medidas que se han aprobado desde hace un año y especialmente con el recorte brutal de la semana pasada, han supuesto la gota que colma el el vaso de la paciencia de la mayoría. Al igual que hace un año, miles de personas han salido a la calle a manifestar su descontento y a clamar contra unas medidas que entienden están dirigidas contra la parte más débil de nuestra sociedad.

Ante todo ello el PSOE ha reaccionado con, reconozcámoslo, una excesiva lentitud. Se diría que todavía está buscando un nuevo espacio ante la realidad social que vamos a vivir en los próximos años, y por esto último y lo por lo que hemos dicho más arriba es necesario que una nueva generación de dirigentes socialistas dé ese paso adelante que permita volver a conectar al principal partido de este país con sus votantes.

La semana pasada, a raíz de un artículo de Ignacio Urquizu (@iurquizu) acerca de la autopercepción de los jóvenes en la política, unos cuantos usuarios de Twitter iniciamos un interesante debate con el propio Urquizu en el que planteábamos cuál ha de ser la respuesta del PSOE ante la pérdida de apoyos entre el electorado más joven, un electorado que se sigue definiendo mayoritariamente de izquierdas, aunque en menor medida que en los años 80 (50% frente a 34%). El reto parece centrarse curiosamente en ese electorado que es incapaz de encuadrarse en una opción política u otra, y que en estos momentos alcanza unas cifras cercanas al 50% de votantes de entre 18 y 35 años.

Así pues, ¿cómo lograr que el PSOE siga siendo un referente para la mayor parte del electorado que se autopercibe de izquierdas y para esos que no tienen un claro encuadre ideológico? Las respuestas son variadas; desde los que defienden métodos expeditos como la refundación del partido, hasta los que plantean una mayor implicación social, la entrada del talento que se vislumbra entre el sector de los jóvenes emprendedores, introducir cambios estructurales en el sistema político que incluyan más democracia, o reflexionar y entender el proceso que nos ha llevado hasta la actual situación para proporcionar alternativas viables.

Personalmente creo que se trata de un compendio de todas ellas, pero también que es necesario recuperar algunas de las señas de identidad de la izquierda, sin que ello sea reivindicar unas tradiciones que podrían parecer superadas. La gran batalla de los próximos años se va a dirimir en el ámbito de la IGUALDAD, la aparentemente irreversible separación entre una base mayoritaria de ciudadanos con unos ingresos que apenas permiten desenvolverse en la sociedad, y una cúspide con una creciente capacidad de acumulación de riqueza. Es un fenómeno que ya hemos citado en esta página en estudios como el de Jacob S. Hacker y Paul Pearson para Estados Unidos, y que vincula el crecimiento económico de los últimos 25 años a la progresiva acumulación de ingresos entre el reducido porcentaje de mayores fortunas del país. En Europa ese mismo fenómeno se ha producido de forma similar, con la particularidad de que la existencia de ciertas coberturas sociales han permitido disimular las diferencias entre unos y otros.

La crisis y el consiguiente recurso a la austeridad han destapado la caja de Pandora de la desigualdad al producirse un recorte sistemático de las coberturas sociales, que en el caso de España producirán dramáticos efectos al combinarse con una elevadísima tasa de paro que deja directamente fuera del sistema a centenares de miles de ciudadanos.

Quizás las respuestas no sean tan complicadas como a veces se buscan en los partidos y entre sus militantes. El propio Urquizu nos recuerda una encuesta del CIS en 2009 en la que se preguntaba por el sistema político español y mostraba claramente los intereses de los ciudadanos al respecto: para los mayores de 35 años lo fundamental era un sistema que facilite obtener unos ingresos dignos que permitan desenvolverse con soltura en la sociedad, mientras que para los más jóvenes lo verdaderamente importante es que la política represente los intereses de los ciudadanos.

Estamos a tiempo de que el PSOE recoja ambos guantes, el de aquellos que como principal partido de la izquierda le reclaman políticas redistributivas que permitan cierto nivel de bienestar para todos, y el de los más jóvenes, para quien es necesario encontrar un opción política que haga de la transparencia, la apertura y la participación, sus señas de identidad.

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