Octubre de 2001. Stade de France, en el barrio parisino de Saint Denis. Se enfrentan en un partido amistoso las selecciones de Francia y Argelia. Casi 80.000 franceses abarrotan las gradas mientras ambos equipos se alinean para escuchar los himnos nacionales. Cuando comienzan los primeros compases de la Marsellesa, la mayor parte del público comienza a silbar hasta el punto de no dejar escuchar la música.
Octubre de 2005. También en el barrio de Saint Denis. Cientos de jóvenes salen a la calle para protestar por la muerte de dos jóvenes adolecentes que trataban de esconderse de la policía. Las protestas terminan convirtiéndose en disturbios que duran días y que llegan a poner en jaque al Ministerio del Interior dirigido por aquel entonces por Nicolas Sarkozy.
Todo esto me viene a la cabeza reflexionando sobre una película que he visto recientemente, Days of Glory, en la que se aborda de forma monográfica el desconocido tema de la participación de los soldados de las colonias africanas durante la II Guerra Mundial.
La película del director argelino Rachid Bouchareb, además de ser una más que destacable recreación bélica, se centra en la participación de soldados argelinos y marroquíes en el ejército francés a lo largo de las campañas de Africa, Italia y Centroeuropa, describiendo (a veces de forma edulcorada, hay que reconocerlo) las penalidades y los sentimientos de estos soldados que luchan hasta la muerte por Francia, su “mère patrie“.
Los soldados de las colonias (cuya existencia ya conocieron de forma tristemente evidente los republicanos españoles que huyeron a Francia en 1939 y que fueron internados en campos de concentración custiodados por soldados senegaleses) combatieron por Francia pensando que de esta forma estaban luchando por su propio país, aunque nunca antes hubieran pisado suelo europeo, y arriesgaron sus vidas de la misma forma que sus compañeros en los diferentes ejércitos que combatieron contra el Eje, aunque a cambio no recibieran, ni mucho menos, el mismo trato por parte de sus mandos en el ejército aliado. Encabezaron en no pocas ocasiones misiones suicidas, asaltos a posiciones imposibles, y estuvieron permanentemente en primera línea, sin que a cambio fueran equipados con el mismo armamento o la misma impedimenta que sus compatriotas del continente. El trato dispensado hacia ellos era racista y abundaban los prejuicios, hasta el punto de que rebasar determinados escalafones en el ejército era poco menos que imposible para ellos.
La situación no mejoró después de la guerra, y una vez que Argelia, Marruecos o Túnez obtuvieron su independencia, los antiguos combatientes perdieron sus pensiones del estado francés, que alegó que ya no eran ciudadanos del país.
La posterior política de integración francesa fue casi inexistente, de forma que las sucesivas generaciones de hijos de aquellos emigrados han ido creciendo en los suburbios de las grandes ciudades, las banlieu, en las que ha ido germinando primero, y madurando después, un sentimiento contra su país de acogida que se ha convertido en rechazo, hasta el punto de sentirse más identificados con las naciones de origen de sus padres que con la suya propia.
El estado francés permitió la creación de guetos dentro de sus propias ciudades, incapaz de prever los problemas que conllevaría el que una parte importante de la sociedad francesa viviese casi al margen de sus conciudadanos, y con unas condiciones sociales, económicas y políticas muy por debajo de la media.
Pese a los sucesivos anuncios por parte de los diferentes ministros y presidentes franceses respecto a la intención de mejorar la situación y las condiciones sociales de los inmigrantes e hijos de inmigrantes en Francia, lo cierto es que hasta ahora poco o nada se ha hecho, como se pudo ver durante la nueva ola de disturbios de 2007. Curiosamente, una sentencia de los tribunales franceses obligaba en 2002 a que el Estado francés indemnizara a sus antiguos combatientes, independientemente de su nacionalidad. Sin embargo, a día de hoy todas esas personas siguen sin recibir el pago a su sacrificio en el suelo europeo.
Ayer se celebró el segundo de los debates que los dos candidatos de los principales partidos se comprometieron a llevar a cabo al comienzo de esta campaña electoral, y como ya me ocurrió hace una semana, no solo no lo vi, sino que ni siquiera tenía noticia de que se fuera a celebrar.
Esta mañana, mientras escuchaba sorprendido las reacciones ante el enfrentamiento entre Mayor Oreja y López Aguilar, pensaba acerca de la indiferencia con la que los europeos nos enfrentamos a estas elecciones. Si yo, me decía, que suelo seguir la política con bastante pasión, soy incapaz de ver un debate, leer las noticias de la campaña en los periódicos o incluso ir a un mitín, ¿qué ocurrirá con la mayor parte de los ciudadanos, para los que la actualidad política es poco más que la aburrida sección de los telediarios que precede a la información deportiva?
Y lo cierto es que no solo es culpa nuestra (aunque también). Intento recordar ahora mismo alguna propuesta, algo del programa electoral del PP o del PSOE para estas elecciones, y lo cierto es que soy incapaz. De lo único que estamos oyendo hablar estos días es del avión del Presidente, de la nueva legislación sobre el aborto, y del filofranquismo del candidato del Partido Popular. Muy poquito, por no decir nada, de la idea que ambos partidos tienen sobre Europa, sobre integración, sobre cultura, sobre inmigración, sobre tantas otras cosas que, desgracidamente, a muy pocos importa.
Por eso es por lo que los expertos auguran que como mucho un 45% de los posibles votantes ejercerá su derecho el próximo domingo. Un ocasión más en la que, como dice acertadamente Miguel Ángel Aguilar, echar Europa por la borda…..
Siguiendo con la nostálgica recuperación de los años 80 de la semana pasada…
Habrá a quien le guste y a quien no; quien diga que es alarmista y demagogo. Lo que resulta evidente es que el último vídeo del PSOE para las elecciones europeas del 7 de junio incide directamente en el mensaje que pretende lanzar, y es que hay dos formas muy distintas de entender Europa.
Lo dejo aquí por si alguien no lo ha visto. A mi, estéticamente no me disgusta; otra cosa es que no me suele convencer este tipo de campañas en las que se lanza un mensaje negativo.
Había escuchado ya en varias ocasiones y desde hace un par de años alguna noticias que hablaban de la existencia en el Pacífico de una acumulación de residuos plásticos de un tamaño considerable (unas informaciones hablan de dos veces el tamaño del estado de Texas, lo que imagino debe ser mucho, y otras de dos veces el tamaño de Estados Unidos, lo que, efectivamente, es muchísimo).
La verdad es que la noticia es en sí tan increíble, tan espectacular, que me extrañaba que no hubiera sido portada de periódicos y primera noticia en los telediarios de todo el mundo. Dudaba incluso a la hora de mencionarlo en las charlas de café pensando que se pudiera tratar de unos de esos “hoax” que pululan por la Red.
Hoy sin embargo he visto esta fotografía de satélite y he revisado unas cuantas páginas que hablan del fenómeno y empiezo a creer que efectivamente, y para vergüenza de todos nosotros, la noticia es real: un mar de plástico ante el que los invernaderos de Almería parecen un juego de niños. Un vórtice de desechos del mundo civilizado que se acumula irremediablemente en un punto del Océano Pacífico entre Japón y Estados Unidos. Un monumento natural a la desidia de la humanidad con su propio hogar….. Un continente de basura, al fin y al cabo.
Ayer por la noche estuve viendo “Sicko“, el último documental del controvertido Michael Moore, acerca del (inexistente) sistema de salud en Estados Unidos.
Lo primero que llama la atención para un europeo que ve la película es que todas esas cosas que se cuentan de la ausencia de cobertura sanitaria, de la dificultad para pagar una atención adecuada, o de los millones de norteamericanos que acarecen de seguro médico no es una patraña, sino la pura realidad. La primera escena, con un empleado que se acaba de hacer una tremenda brecha en la rodilla que él mismo se encarga de coser diligentemente no deja espacio para la duda. O la historia de ese otro trabajador que se seccionó dos dedos con una sierra, y que al ir al hospital, sin el pertinente seguro, debe elegir entre los 60.000 dólares que le cuesta el dedo corazón o los 12.000 dólares del anular. Por supuesto, solo se puede operar el anular.
Por si alguien lo desconoce, el sistema sanitario en Estados Unidos funciona de una forma radicalmente diferente que en Europa. Allí, cada uno es responsable de su propia salud, de forma que debe financiar su cobertura mediante un seguro suscrito con alguna de las centenares de compañías privadas que se dedican a este asunto. Los problemas que esto genera son abundantes: para empezar, existe mucha gente con ingresos insuficientes, por lo que no tienen el dinero necesario para adquirir uno de esos seguros, de forma que quedan completamente desprotegidos. Por otro lado, las compañias aseguradoras evalúan el riesgo de sus clientes potenciales antes de firmar el contrato, de modo que las personas con riesgos de salud (obesos, con colesterol, azúcar o hipertensión) o con enfermedades preexistentes, son sistematicamente rechazados.
Lo peor del asunto es que incluso aquellos que pueden permitirse suscribir un seguro pueden encontrarse a posteriori con multitud de problemas llegado el caso de tener que ser atendidos. Las aseguradoras evalúan cualquier propuesta de intervención, cualquier tratamiento, cualquier diagnóstico, con la finalidad de evitar costes, llegando a disponer en sus plantillas de médicos cuya misión consiste en llegar a un porcentaje de casos desestimados. De esta forma, cuantos más casos quedan desatendidos, mayores son las primas de estos médicos.
Planteado todo esto, Moore se dedica a explicar el porqué del sistema sanitario estadounidense, desvelando la política de connivencia entre Richard Nixon y las grandes compañias aseguradoras que llevaron a establecer el actual funcionamiento en 1971. A partir de aquí, la comparación con los sistemas de salud de otros países no dejan espacio a la duda: desde la vecina Canadá, a los ejemplos del otro lado del Atlántico, como Francia o Gran Bretaña, donde el sistema se financia con los impuestos, permitiendo que la atención sea de mejor calidad y con coste cero para los usuarios.
En resumen, “Sicko” es un buen documental en el que como es habitual con Michael Moore, podemos encontrar también momentos abandonados a la demagogia y el discurso fácil (especialment el final, cuando lleva a Cuba a algunos miembros de los equipos de rescate que trabajaron en la Zona O del World Trade Center para que sean atendidos por médicos cubanos), pero que no dejan duda respecto a los riesgos que conlleva dejar determinados servicios que en Europa consideramos fundamentales, al cuidado de las grandes compañías que como objetivo primordial no tienen la satisfacción del cliente, sino el engorde de sus cuentas de resultados. Toda una lección a aprender por aquellos que todavía creen que el Estado debe “adelgazar”, y que es bueno que el libre mercado determine las reglas del juego.
Musical Express era un programa de Televisión Española de la época en la que solo existía dos cadenas, y en la que sin embargo se podían permitir emitir espacios como este, por el que desfilaron las mejores bandas de la historia de la música de nuestro país.
En 1981 aterrizaron por allí “Los Rápidos“, posteriormente conocidos como “Los Burros” y finalmente como “El último de la fila“. Por aquel entonces Manolo García todavía no se había abandonado al estilo cañí y lucía una espléndida pinta a lo David Byrne; apenas se movía en el escenario, y a cambio era capaz de colocarse un embudo en la cabeza o desguazar televisores en medio de las actuaciones, en lo que fueron los primeros “happenings” de la época.
“Ruta del Sur” es una de las magníficas canciones del único álbum de la banda…
Hay un proverbio alemán que dice algo así como que si no vas a decir algo mejor que el silencio, es preferible quedarse callado. Pues eso, seguimos por aquí, pero calladitos…..
De forma absolutamente sorprendente, el Parlamento Europeo no ha aprobado el “Telecoms Package”, la propuesta para unificar la legislación europea en materia de telecomunicaciones e Internet, y cuya puesta en marcha hubiera supuesto una verdadera amenaza para la neutralidad en la Red, así como abrir la puerta a la arbitrariedad de los gobiernos en su supuesta “lucha” contra la piratería.
Imagínense una gran empresa constructora con miles de empleados y cientos de millones de euros de beneficios anuales. Esa empresa es una de las grandes del país. Tiene proyectos en medio mundo; construye puentes, túneles, grandes edificios de los mejores arquitectos, y algunas viviendas que van a parar a las manos de unos cuantos miles de familias que piensan que el dinero que pagan por su residencia va a corresponderse con una construcción de primera calidad, tal y como esa empresa se ha encargado de venderles en sus estudiados anuncios.
Esas familias tienen que ir aportando dinero durante varios años mediante una entrada y en forma de letras mientras el edificio está siendo construido. El constructor les explica que si tarda tanto tiempo es porque se trata de una vivienda de primera, y evidentemente, no se puede hacer un edificio de esas características en cuatro días.
Cuando llega el momento de la entrega de las llaves cada uno de los nuevos propietarios tiene que hacerse acreedor de un préstamo hipotecario que como poco les mantendrá atados a su banco hasta que estén próximos a la edad de la jubilación, pero bueno, piensan, merece la pena a cambio de tener la casa de nuestros sueños, un piso con los últimos avances tecnológicos, construido con los mejores materiales y por los mejores constructores….., una casa para toda la vida, dicen.
Inmediatamente después de fimar las escrituras lo primero que hacen es, por supuesto, acudir directamente al piso. Cuando uno adquiere un producto, normalmente quien se lo vende procura que tenga el mejor aspecto. Uno no se imagina adquirir un coche recién salido de fábrica y encontrarlo con rayaduras en la pintura, manchas de grasa en los asientos, migas de pan en las alfombrillas o cristales rotos en los retrovisores. Por eso, cuando nuestros compradores abren por vez primera la puerta de su nuevo hogar no pueden evitar cierta decepción cuando se encuentran los suelos llenos de polvo, los muebles de la cocina sin montar, las baldosas del baño sucias, y restos de serrín por toda la casa. Sin embargo, y como no hay nada más emocionante que estrenar una casa nueva, deciden obviar todo lo anterior, limpiar ellos mismos la vivienda y esperar pacientemente a que alguien venga a montarles los muebles que faltan.
Pasan tres meses. Nuestros amigos ya han trasladado todas sus cosas a su nuevo hogar y llevan todo ese tiempo llamando una y otra vez a la empresa constructora para que alguien les venga a colocar esa puerta “que no llegó bien y que en unos pocos días les colocaremos”. En ese tiempo, sin embargo, han podido comprobar que lo que en un principio eran solo pequeños olvidos en la limpieza del edificio, se ha convertido en un montón de desperfectos en todas y cada una de las habitaciones de la nueva casa. Las tablas del flamante parquet se separan sistemáticamente dejando ver profundas rajas en el suelo; las baldosas de las paredes de los baños tienen una misteriosa capa de pegote consistente que resulta casi imposible limpiar; las baldosas del suelo aparecen llenas de unos extraños lamparones que ni el mejor de los productos de limpieza del mercado consigue arrancar; la ducha carece de desnivel, por lo que el agua, obedeciendo a la maldita dinámica de fluidos, tiene la manía de esparcirse por todo el baño todas y cada una de las mañanas; los armarios empotrados acostumbran a salirse de sus encajes y resulta poco menos que hercúleo volver a colocarlos en sus raíles; los grifos del agua están invertidos y donde pone caliente sale fría, y viceversa; el suelo de la terraza fue colocado seguramente después de un día de juerga, así que alguien olvidó que dejar una hondonada en una zona inundable resulta sumamente arriesgado; en las paredes y techos parece haber actuado el único albañil con Parkinson del país, por lo que ambas no pueden estar peor rematadas; las puertas resultan ser de la peor calidad, así que el más mínimo roce las descascarilla; los agujeros para los enchufes están hechos sin tener en cuenta la pletina que iba a ser colocada, así que en varios de ellos se observa un rendija en la pared que ha sido rellenada de forma chapucera con yeso….
Lo cierto es que cada día que pasa aparece un nuevo desperfecto, de forma que lo que en un principio resultaba tolerable, termina por hacerse molesto primero, e indignante después. Por si fuera poco, nuestros sufridos propietarios cayeron en la más absoluta indignación cuando ayer, tras apoyarse ligeramente en un radiador de casi cien kilos, éste se desplomó sobre el suelo levantando una tremenda polvareda por toda la habitación. Increíblemente
, los cuatro taquitos del seis colocados de aquellas maneras, habían resultado insuficientes para sostener el peso del radiador de hierro fundido y el de una mano apoyada de forma despistada sobre él……
En la constructora ya han recibido varias quejas de nuestros amigos y de algunos de sus vecinos: cartas, faxes, burofaxes y correos electrónicos parecen no hacer mella en la desvergüenza de los responsables de la gran corporación que, año tras año seguirá incrementando sus beneficios a costa de pardillos como nuestros amigos de más arriba, y que hacen caso omiso de las quejas de sus clientes, los mismos que cumplieron con todos y cada unos de los compromisos de pago fijados por la constructora.
SACYR VALLEHERMOSO es una compañía constructora con sede en España. Es la segunda empresa del sector más grande del país y la cuarta del mundo, con unas cifras de negocio en 2007 de 5.760 millones de euros. Su beneficio neto del pasado ejercicio fue de 946 millones de euros.
El Presidente del grupo Sacyr Vallhermoso es Luis Fernando del Rivero Asensio.
Leo en el blog de César que está a punto de anunciarse una iniciativa del gobierno por la que se pretende entregar un ordenador portatil a cada alumno de primaria, e inmeditamente me imagino las caras de incredulidad y de desesperación de la mayoría de los docentes cuando se enfrenten a alumnos “armados” con semejante artefacto en sus clases.
En esto de la tecnología educativa se suele confundir la cantidad con la calidad, y cuando se habla de introducir los ordenadores en las aulas, automáticamente se piensa que consiste en algo tan sencillo como poner un montón de ordenadores en las clases.
Nada más erróneo. Para empezar, no existe un modelo definido acerca de la forma en que la tecnología y el ordenador deben estar presentes en el aula. Para unos es necesario que el alumno interactúe de forma permanente con el ordenador, que disponga de uno para todos y cada unos de los procesos de aprendizaje que se llevan a cabo en clase.
Existen algunas experiencias al respecto en Extremadura y en Aragón. En el primer caso se ha optado por equipar las aulas con PC’s dotados de un sistema operativo basado en software libre; mientras que en Aragón la experiencia de los Tablet PC de Microsoft se ha ido extendiendo durante los últimos años y en pocos cursos todos los alumnos de primaria dispondran de uno de estos dispositivos.
Personalmente no es el modelo que más me gusta. Desde mi punto de vista, que cada alumno tenga un ordenador dificulta enormemente la tarea del docente, que pierde el control de lo que ocurre en clase con mucha más facilidad. En este sentido, me parece mucho más adecuada la corriente de tecnólogos educativos que defienden la transformación de las aulas en entornos tecnológicos mediante pizarras digitales, a través de las cuales se tiene acceso a todo lo que el ordenador aporta a la enseñanza pero, eso sí, contando siempre con la supervisión del docente.
Independientemente del modelo que más le guste a cada uno, queda una cosa importante por resolver: el papel del profesor. Meter ordenadores en el aula requiere que el docente sepa qué hacer con ellos. Es necesario formarles (muchos no saben ni siquiera utilizarlos de forma rutinaria), darles soluciones (unidades didácticas, nuevas estrategias educativas…) y sobre todo contar con ello para el proceso. Las experiencias de las que hablaba más arriba no han surgido de la noche a la mañana. En Extremadura llevan años experimentando con estas herramientas, mientras que en Aragón se comenzó con implantar los Tablet en pequeñas escuelas rurales con unos pocos alumnos, lo que sin duda contribuyó a evaluar de forma mucho más adecuada los beneficios y las ventajas que aportaban.
Es raro encontrar una banda de música que se muestre comprometida con la política. Habitualmente hay artistas que a título individual se suman a determinadas campañas de políticos, tal y como ocurrió con Obama en las últimas elecciones norteamericanas, o con Zapatero en las elecciones generales del año pasado.
Lo verdaderamente inusual es que un grupo haga de la política su sentido, y que las letras de sus canciones se dediquen a temas de actualidad: desde la globalización, a la violencia en las calles, el racismo, o la lucha por los derechos humanos.
Es por ello que “Rage against the machine” resulta tan especial, además de que, como dice una de sus canciones más conocidas, escucharlos es similar a la experiencia de recibir un disparo en la cabeza…..
Todavía hay gente que no tiene muy claro para qué sirve eso de las redes sociales. Muchos partidos y muchos políticos se apuntan a este nuevo carro sin saber el porqué, simplemente hacen caso a sus asesores más cercanos. En Moldavia, algunos ya empiezan a saber de qué va todo esto….
Hablábamos hace unos días de la situación de la educación en España sin saber, por supuesto, que durante esa misma mañana iba a ser nombrado un nuevo responsable del ramo. Ángel Gabilondo, el ministro entrante, resume a la perfección en sus primeras declaraciones las inquietudes de los muchos que hemos visto con preocupación el progresivo deterioro de la eduación en nuestro país.
De entrada parece que algo se ha hecho mal durante los últimos años para que existan en estos momentos realidades educativas tan divergentes en función de la comundidad autónoma de la que estemos hablando. Así, tomando de nuevo como referencia las conclusiones del último informe PISA, cuya apasionante lectura ha amenizado mis lluviosas vacaciones de Pascua, llama mucho la atención la disparidad entre los resultados de las diez comunidades que participan en el informe de 2006, centrado en las competencias científicas de los alumnos encuestados. De esta forma, Castilla y León y La Rioja obtienen unos resultados claramente destacados, tan solo mejorados por los de países como Finlandia, Japón, Países Bajos y Corea; mientras que Aragón, Navarra, Cantabria, Asturias y Galicia se mantienen por encima de la media de los países de la OCDE, lo que globalmente supone estar en mejor situación que naciones de la importancia de Francia, Noruega, Estados Unidos, Rusia o Italia. En el otro extremo de la balanza, Andalucía puntúa por debajo de la media de la OCDE (al igual que los resultados globales de España) con datos similares a los de Portugal o Grecia, cuyas cifras son las peores de los países de la Unión Europea.
Otro dato interesante hace referencia al entorno cultural del alumnado. Así, aquellos estudiantes cuyos padres no poseen un título universitario obtienen hasta un total de 85 puntos menos en la encuesta de competencias (sobre una media de 480 puntos, aproximadamente), mientras que las diferencias entre los alumnos en cuyos hogares no hay libros comparados con los de aquellos en los que hay más de 500 libros se disparan hasta 135 puntos.
Lo cierto es que la lectura del informe me he sorprendido porque las cifras que arroja no son demasiados malas, o almenos no tan malas como nos han hecho ver. Eso sí, hay que tener en cuenta que no aparecen datos de siete comunidades autónomas, entre ellas algunas tan importantes como Madrid o Valencia (por cierto, me ha llamado la atención que la mayoría de las comunidades que no partiparon en el informe estén gobernadas por el PP).
La primera y evidente conclusión es que la principal causa para el fracaso escolar del alumnado se asocia a las condiciones socioeconómicas del mismo (el ejemplo claro es Andalucía, donde se encuentran las mayores diferencias entre unos y otros estratos sociales), y aparentemente, poco influye la legislación o la estructura del sistema educativa existente (o al menos mucho menos de lo que los detractores de la LOGSE afirman).
Son igualmente interesantes las conclusiones respecto a los resultados obtenidos en función de la tipología de los centros. De esta forma, los centros privados y concertados obtienen globalmente una mejor nota, aunque se especifica que si se extrapolan los valores determinados por la situación socioeconómica del alumnado los resultados serían prácticamente calcados entre unos centros y otros. En este sentido, resulta interesante comprobar que los alumnos españoles que se desenvuelven en peores entornos socioeconómicos obtienen unos resultados mejores que los alumnos en su misma situación en el marco de los países de la OCDE, por lo que se puede deducir que las condiciones de equidad de la educación española resultan mejores que la media.
No voy a entrar aquí en las múltiples lecturas del informe PISA: de hecho, algunos medios de comunicación y alguna que otra ilustre y siempre enfadada pluma se dedicaron a cuestionar a las autoridades educativas españolas utilizándolo como argumento, cuando una lectura detenida del mismo no da ni mucho menos para tanto.
Así las cosas, la conclusión más objetiva que podemos obtener de los datos es que la educación en España no está tan mal como nos quieren decir, pero eso sí, no es menos cierto que por mucho informe PISA que citemos, no podemos obviar las opiniones de los principales responsables de la educación de nuestros hijos, es decir, la comunidad de docentes, para la cual es urgente una reforma educativa que restaure la autoridad del profesor en el aula y que tienda a igualar las posibilidades entre los centros.
En este sentido, resulta agradablemente llamativa la decisión de las autoridades educativas de Cantabria que recientemente han decidido retirar el concierto económico a un centro educativo (del Opus Dei, para más señas) en el que se establecía una separación entre niños y niñas. Medidas como esta, o como la tan reclamada equiparación de colegios públicos y concertados a la hora de atender al alumnado inmigrante, redundarían en una mejora de la tan denostada educación española.

La semana pasada una entrada de Vesania acerca de un artículo de Arturo Pérez Reverte, nos servía para polemizar un poquito sobre el estado de la educación en España.
Casualmente aparece hoy un estupendo reportaje en El País, que con el esclarecedor titulo de “La clase perdedora”, traza el panorama social que se encuentra tras las desastrosas cifras de la educación en nuestro país.
El artículo viene a decir, más o menos, que en las familias de entornos socioeconómicos con más dificultades, existe una mayor probabilidad de que los hijos sufran fracaso escolar y/o un abandono prematuro de la escolarización. De esta forma, los autores del informe citado establecen que hasta un 50% del rendimiento escolar está definido por el estatus familiar, entendido no solo como la situación económica sino también por otros factores, especialmente la motivación de los padres hacia las cuestiones socioculturales.
En la actualidad el modelo educativo está profundizando las desigualdades estableciendo una clara diferencia entre los centros públicos y los centros privados y semiprivados (concertados), de forma que en estos últimos se agrupan los alumnos procedentes de las familias con más recursos económicos, mientras que en los primeros se concentran los alumnos con necesidades educativas especiales, especialmente los hijos de inmigrantes, lo que repercute necesariamente en la calidad y en los resultados finales de esos centros.
La pregunta que inmediatamente acude a la cabeza es la siguiente: ¿cómo puede ser cierto todo lo anterior si nuestra generación (la de los que actualmente estamos entre los 30 y los 40) es la mejor formada de la historia de este país, y nuestros padres tenían, en general, un nivel formativo medio-bajo? Y la respuesta es igualmente sencilla: nuestra generación se benefició de las reformas y del mayor gasto en educación que se realizó durante la Transición y los años 80. Desde entonces, y muy especialmente durante la década de los 90, comenzó una progresiva deriva de las familias con mayores recursos hacia la enseñanza privada, al tiempo que la política de conciertos en muchas comunidades autónomas no hizo sino enmascarar la progresiva “guetización” de la enseñanza pública con el discurso de aumentar la oferta educativa poniendo a disposición de cualquiera los centros privados-concertados, una gran falacia que ha quedado demostrada infinidad de veces y que puede ser percibida por cualquiera que se pase un día por la puertas de un colegio concertado, y contraste el número de alumnos inmigrantes o hijos de inmigrantes, con el que se encontrará en un centro de titularidad pública.